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Democracia entre balas

Violencia política, una epidemia que mata a los más vulnerables

Alejandra Ibarra Chaoul

Este ensayo es parte del proyecto Democracia entre balas

“En esta ocasión, miren nada más, qué hoyito tenemos aquí. Parece que cayó un meteorito aquí ayer”, la cámara enfocaba a Nevith Condés Jaramillo, quien realizaba el que sería su último reportaje para El Observatorio del Sur antes de morir. Era la noche del 23 de agosto de 2019. En el video, publicado en Facebook, aparece Nevith parado junto a un bache gigantesco que ocupaba la mitad del camino rural. Junto a él se encontraba el delegado de la colonia Rincón de López. Esta agrupación de vecinos, conocida por su buena organización para exigir sus derechos, le parecía muy conflictiva a los políticos de la región.


En la toma del video se puede ver cómo se iba juntando un grupo de vecinos inconformes alrededor del reportero. El delegado de Rincón de López, en entrevista, explicó que llevaban 15 días con el hoyo; que ya había entrado agua de lluvia por el enorme hueco hasta crear un socavón debajo de toda la calle. Habían pedido ayuda del ayuntamiento, pero no tenían respuesta.


El video duró en total nueve minutos con 13 segundos. Fue breve, pero directo a la denuncia.


“N’ombre… sí está canijo ir a obras públicas y decirle ‘oye pus échanos la mano’ y, de repente, que digan ‘¿sabes qué onda? no hay’”, resumió Nevith. La única opción que el ayuntamiento le daba a los vecinos era gastarse lo que les correspondía de una partida presupuestal conocida como obra prioritaria, mucho más onerosa que lo que requerían para reparar el bache. Los vecinos solo querían que se arreglara la mala pavimentación y conservar el dinero de sus impuestos en la partida de obra prioritaria para algo que realmente lo ameritara. Antes de terminar el reportaje, Nevith remató diciendo, “así como esto, hay infinidad de obras en el municipio hechas por esta administración […] las cuales están colapsando”.


Durante su carrera como periodista local, Nevith cubrió eventos cotidianos del municipio de Tejupilco de Hidalgo, al sur del Estado de México. Antes de al cobertura del bache en Rincón de López, Nevith publicó un par de reportajes sobre escuelas a medio construir.

No se puede entender el trabajo de Nevith sin involucrar la política local. La infraestructura y la obra pública son siempre políticos. Es política la designación de recursos, las partidas presupuestarias, el etiquetado del erario. Es político el diseño de las subastas públicas e invitación a participantes; es política la supervisión de la compañía que ganó la concesión para construir una obra. También es político el uso discrecional de la caja chica y es político el desvío de recursos. Es político porque, en esencia, es la manera más directa y tangible de fiscalizar nuestros derechos y exigir rendición de cuentas de lo que nuestros representantes hacen con el dinero de nuestros impuestos.


A la mañana siguiente del video del bache en Rincón de López, el 24 de agosto de 2019, apareció el cuerpo sin vida del reportero Nevith Condés Jaramillo en la comunidad del Cerro de Cacalotepec. Tenía 42 años, y heridas de arma punzocortante. Nevith nunca ocupó un cargo de elección popular. No era político de carrera. La naturaleza de su trabajo, sin embargo, --así como su vida y su muerte-- sí lo fueron.


La primera vez que el reportero recibió una amenaza fue en octubre de 2017. El secretario de salud estatal estaba de visita en Tejupilco y el diputado local por el PRI lo llevó a dar un recorrido por el hospital regional. Nevith los esperaba afuera, en la puerta, para entrevistarlos. Pero al verlo, en vez de salir y responder sus preguntas, los políticos dieron media vuelta y volvieron al hospital. El reportero, indignado, grabó la evasiva y empezó a entrevistar a toda la gente en la banqueta que se quejaba de que no había ni paracetamol en el hospital. “Miren nada más, a eso vienen… a darnos la vuelta”, dijo Nevith en vivo para su página de Facebook.


Para entonces, a escasos meses de la temporada electoral de 2018, los políticos ya empezaban a negociar candidaturas. Y el diputado local priista, Anthony Domínguez Vargas, buscaba la candidatura del PRI para la alcaldía del municipio. Los reportajes de denuncia que hacía Nevith no le ayudaban en nada. El político no consiguió la candidatura por el PRI, pero sí la consiguió con otro partido. El joven político se lanzó para la alcaldía de Tejupilco por Morena. Ya estaba en plena campaña cuando las amenazas contra Nevith regresaron.


El periodista denunció el hostigamiento, las cuentas falsas en redes sociales y los bots creados para amedrentarlo e intimidarlo en el libre ejercicio de su profesión señalizando personalmente a Domínguez Vargas, pero de poco sirvió. El político, ahora morenista, había ganado la presidencia municipal. Las amenazas se recrudecieron: el ahora alcalde exigía una disculpa pública del periodista.

Violencia política, una epidemia que mata a los más vulnerables

Foto: Facebook

Es cierto que el alcalde buscaba tener una imagen limpia para continuar con su gobierno y que el reportero lo incomodaba, pero --como con tantas cosas en México-- la ecuación nunca es tan sencilla. No se puede entender al político local sin hablar del crimen organizado.


Según testimonios de habitantes de Tejupilco, el crimen organizado de la región tiene un dominio sobre los bienes básicos de consumo, como el pollo y el huevo, y también sobre los materiales de construcción como: cemento, arena y grava. Todos estos bienes tienen “un impuesto” del cartel, como los locales lo describen. Sólo los comerciantes autorizados por el cártel pueden vender esos materiales. La autorización, o permiso, se obtiene a través del pago de una cuota de extorsión. Ese impuesto lo pagan los consumidores a los comerciantes, y los comerciantes pagan esa cuota al cártel para sobrevivir.


Además, dice la gente de allá, los comerciantes no son los únicos que pagan su cuota al crimen organizado. La presidencia municipal en turno también está obligada a pagarle una cuota regular cartel dominante para mantener las cosas tranquilas. Por eso, los empleados del ayuntamiento a veces pasan meses sin cobrar su nómina, sabiendo que no pueden reclamar so pena de perder sus trabajos. Por eso, cuando hay campañas políticas en la Tierra Caliente, los candidatos se aseguran de negociar con “la maña” los términos del “convenio” antes de llegar al puesto, o quizá para hacerlo.


Lo que es seguro es que en ese mundo de densas negociaciones económicas y políticas, donde el pago de una extorsión significa la permanencia del negocio o del proyecto político en turno, no cabe un periodista. Mucho menos uno de denuncia local como lo era Nevith, cercano a la gente. Uno que se enfurecía cuando veía el dinero del pueblo esfumado en pagos de cuotas criminales, con escuelas a medio construir, hospitales sin medicinas y calles con baches tan grandes que “¡parece que cayó un meteorito!”.


Cuando Nevith dijo, en su último reportaje para El Observatorio del Sur: “así como esto, hay infinidad de obras en el municipio hechas por esta administración […] las cuales están colapsando”, era agosto de 2019. No habría elecciones sino hasta 2021. Pero, desde entonces, lo más probable es que Domínguez Vargas, el alcalde de Tejupilco, ya estuviera pensando en su reelección. Y más allá de la reelección, seguramente estaba pensando en su proyección política a futuro.


De jugar bien sus cartas, podría contribuir a que el partido del presidente Andrés Manuel López Obrador consiguiera dominar los municipios mexiquenses que históricamente habían sido del PRI. Y así, poco a poco, lograr pintar a todo el Estado de México de guinda. Eso podría catapultar la carrera del alcalde del pueblo a nivel estatal y, ¿quién sabe?, quizá hasta a nivel nacional.


La situación de violencia a nivel local en miles de municipios mexicanos es una ecuación de suma cero: no se puede ganar sin que alguien más pierda. En la ecuación existen grupos que monopolizan alguna fuente de poder: los funcionarios públicos tienen el monopolio del poder político; las familias ricas, de hacendados o comerciantes, tienen el monopolio del poder económico; y el crimen organizado ejerce el monopolio de la violencia. Finalmente está el resto del pueblo que no pertenece a ninguno de estos grupos y no monopoliza nada. Este equilibrio inestable de suma cero se recrudece en temporada electoral. Y cualquiera que arriesgue la posición del otro, es eliminado.


Nevith movió el equilibrio de los poderosos, dándole voz y agencia a los desposeídos. Pero un acto tan democrático como el de acercar la información a la gente para incitarla a la participación ciudadana, no tiene cabida en un municipio como Tejupilco de Hidalgo, donde hay de todo menos democracia. La violencia política, como la violencia contra los periodistas y los feminicidios en México, ataca más a los más vulnerables.


En el caso de los candidatos, funcionarios públicos y periodistas locales, la violencia que los ataca es la que recrudecen los procesos electorales. Ésa violencia es la que conocemos como violencia política.


Nota: Anthony Domínguez Vargas es el actual candidato de Morena para la alcaldía de Tejupilco.


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Alejandra Ibarra Chaoul es fundadora y directora de Defensores de la Democracia

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Alejandra Ibarra es periodista y autora. Fundó y dirige Defensores de la democracia. Su podcast, Voces Silenciadas, cuenta la vida y muerte de Nevith Cóndes Jaramillo.

Democracia entre balas

“Democracia entre balas” es un proyecto del Mexico Violence Resource Project apoyado por la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional y el Centro de Estudios México-Estados Unidos de la Universidad de California San Diego. Para descargar un archivo PDF de los ensayos haga click aquí. Para más información sobre el Mexico Violence Resource Project, visite nuestra página haciendo click aquí.

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